martes, 26 de septiembre de 2017




LA FALTA DE MAESTROS ES OTRO DE LOS RETOS PARA LA EDUCACIÓN DOMINICANA

Quienes asumimos la carrera de educación, desde el sagrado pedestal de la vocación, sentimos preocupación ante las debilidades que confronta el sistema educativo nacional. Con frecuencia nos quejamos de las deficiencias operativas, de la falta de aulas, de los constantes cambios que se registran en el curriculum, del déficit de maestros en el sector público y de los escasos estímulos que reciben para actualizar sus conocimientos. Nos preocupamos por comunidades apartadas donde se impartía el pan de la enseñanza debajo de árboles, y hasta llegamos a entender que la generalidad de esas deficiencias serían superadas cuando el Estado dispusiera del 4% para la educación.

Por esta razón el pueblo se lanzó a luchar decidido a alcanzar una conquista que vendría a transformar las condiciones de pobreza y marginalidad de los miles de excluidos de los centro educativos. Hoy nadie ignora que el gobierno del licenciado Danilo Medina es el que más aulas ha construido, que se empeña en mejorar la calidad del desayuno escolar y que busca llevar la modalidad de tanda extendida a las escuelas del país; sin embargo, ahora se presenta una situación que amenaza con borrar la imagen de su gestión, ya que tenemos aulas pero faltan  maestros para cumplir con la misión de enseñar. Cómo explicar que ahora la situación se revierte, que no estamos en capacidad de seguir inaugurando aulas porque se está produciendo un cuello de botella en los llamados concursos de maestros que limitan el flujo de docentes hacia los planteles educativos.

Pero lo más sorprendente es que en ese cuadro desalentador encontramos al ministro Andrés Navarro, bajo un supuesto saneamiento institucional de la nómina, bloqueando a miles de maestros, alegando que no trabajaban, que son simples botellas que se constituyen en cargas para el Estado dominicano. Obviamente, que cualquier ciudadano está plenamente de acuerdo con adecentar las nóminas de todas las instituciones públicas, pero está más que demostrado que en el caso del ministerio de educación, los maestros bloqueados, en una inmensa mayoría estaban trabajando y sirviendo desde otros centros escolares, por cuanto habían sido trasladados mediante circulares emitidas por los directores de distritos educativos. Otros estaban de licencia por confrontar problemas de salud -sustentados en diagnósticos médicos-, mientras que otros docentes figuran en labores propias del magisterio. Es decir, la ínfima parte de las denominadas botellas han sido patentizadas por la vocación clientelista de  caciques políticos que recomiendan a sus allegados en puestos administrativos, sin obviar que hay miles de ciudadanos que engrosan cada año la nomina del sector educativo como conserjes, guardianes y porteros que en muchos casos desconocen  donde están ubicados sus centros de trabajo.

Otro de los casos que se presentan son los de maestros que laboran por contratos y tardan meses en cobrar por el fruto de su desempeño en las aulas. Esos docentes, luego de agotar sus energías, son dejados de lado, apartados y conminados a tomar un examen para establecer si pueden ingresar oficialmente al sistema educativo, algo que ya fue superado en otros países donde la modalidad de ingreso al sistema es mediante la evaluación de desempeño que se hace luego de un año de trabajo certificado y avalado por la dirección donde le correspondió desarrollar sus habilidades docentes. ojalá que en la República Dominicana se cambie el dichoso examen por una muestra de calidad en las aulas, en el contacto con los alumnos, en la implementación de las estrategias de enseñanza y en la ejecución de los planes de clases. Lo demás es la retranca que conduce a incrementar la falta de maestros en las aulas, un lastre que impide a miles de alumnos recibir la educación de calidad que todos esperamos.

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