domingo, 4 de septiembre de 2016

Comentario sobre el tema: Las implicaciones reales de la educación, escrito por el profesor Frank Roque, publicado en su blogg Espacio Docente.




En sus palabras introductorias, Frank Roque, partiendo de su visión constructivista, nos presenta dos conceptos que se han manejado como sinónimos siendo totalmente distintos. Se trata de instrucción y educación. El primero se limita a la transmisión de conocimientos en áreas específicas, mientras el segundo define la esencia fundamental del quehacer educativo,  el cual tiene como misión la transformación real del individuo, basándose en su formación integral, para que sea capaz de producir los cambios que demanda la sociedad para construir  su desarrollo.

el maestro profundiza en esa base conceptual para cuestionar el actual modelo de enseñanza que se limita a esa función exigua de transmición de conocimientos y prácticas manuales, a partir de un enfoque conductista que ha sido superado en múltiples países del hemisferio. Ese viejo esquema orienta al individuo hacia la competencia, como simple instrumento al servicio del mercado, deshumanizado e individualizado para la producción exclusiva de bienes y servicios, desvinculado del entorno social, de espaldas a la filosofía humanista que proyecta a la persona como el eje motriz que impulsa los cambios que demanda la sociedad.

la preocupación del maestro le lleva a preguntarse ¿para qué sirve la educación en un país? y a seguidas, a modo de cuestionamiento, reitera la dualidad conceptual disímil que explica. Enfatiza en si estamos educando para competir en el mercado ocupacional o para devolverle a la comunidad lo recibido, cambiando un orden político-cultural para acabar con la pobreza y el sufrimiento material y espiritual. Se entiende que la educación, en su función transformadora, determina el avance o el estancamiento social, al tiempo que define los rasgos característicos del comportamiento colectivo de los pueblos.

Frank Roque, en su enjundioso analisis, nos acerca al concepto real de la educación, presentando su influencia orientadora y sistemática. En mi condición de principiante en esta apasionante carrera pedagógica, me permito agregar, que es la guía por excelencia para forjar el hombre nuevo, receptivo a los cambios, en condición de aportar ideas, con espiritu critico, en capacidad para enfrentar los retos y desafios del presente y el futuro. Es decir, que nos permita avanzar hacia un nuevo paradigma educativo.

No se trata de instruir para la búsqueda del progreso individual, para la generación exclusiva de bienes. Lo que se pretende es moldear a los actores del cambio, a los protagonistas que actuarán en el escenario social con la misión de influir en el auditorio. Ese papel solo corresponde a quienes han recibido una educación integradora, asentada en valores, destrezas y actitudes que conduzcan a la práctica del bien común. Frank Roque, advierte que en la mayoría de los espacios docentes y de la gestión educativa dominicana, la práctica educativa niega sus principales principios y fines, y a modo de ejemplo, cita el Capitulo II, artículo 4, acápite c, de la Ley de Educación 66'77, donde dice;

"La educación estará basada en el respeto a la vida, el respeto a los derechos fundamentales de la persona, al principio de convivencia democrática y a la búsqueda de la verdad y la solidaridad."

Si nos detenemos en esa cita, es pertinente preguntarnos si la educación que sirve el Estado cumple con ese rol al propiciar prácticas que corresponden a modelos superados. Obviamente, coincido con el planteamiento del profesor Fran Roque,  quien en su enfoque, apunta con trazos iluminados las verdades irrefutables que, a su juicio, se traducen en debilidades institucionales que por décadas viene arrastrando el Sistema Educativo dominicano, un sistema apegado a un modelo conductista desfasado, que no permite avanzar hacia la conquista de un nuevo paradigma educativo que nos conecte con la sociedad del siglo XXI.

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